Reforma de local
para nuevo estudio
Oliver Segura Arquitectura
Gràcia, Barcelona.
El nuevo estudio de Oliver Segura Arquitectura se ubica en el corazón del barrio de Gràcia (Barcelona), en la planta baja de una finca de 1930. El proyecto nace con una clara vocación: recuperar el carácter original del espacio y transformarlo en un entorno de trabajo contemporáneo, cálido y conectado con su contexto urbano y material.

La intervención se plantea como una reforma integral con criterios de restauración patrimonial, en la que se prioriza la puesta en valor de los elementos constructivos originales de la antigua finca. Se eliminan los revestimientos y añadidos que habían ocultado su estructura, revelando la textura y autenticidad de los muros de fábrica de ladrillo y mampostería, ahora convertidos en protagonistas del espacio.
Localización: Gràcia, Barcelona
Superficie: 120 m2
Año: 2025
Fotografía: Marío Martínez

El patio interior actúa como el elemento central y articulador del proyecto. Concebido como un pulmón de luz y ventilación natural, organiza la planta y establece una relación fluida entre las distintas zonas de trabajo. Revestido con rasilla catalana blanca y roja, este espacio semi exterior adquiere una identidad propia que contrasta con la sobriedad del interior, funcionando como un nexo visual y climático. La apertura total de las puertas de acero y vidrio permite unificar ambos ámbitos, ampliando la percepción del espacio interior hacia el exterior y otorgando al patio un papel protagonista en la vida cotidiana del estudio.


La cubierta ligera de madera laminada de pino y policarbonato cubre parcialmente el patio, generando una atmósfera intermedia entre interior y exterior. En ella se integra una claraboya con apertura mecánica, que favorece la ventilación cruzada y el confort natural del espacio.
Con el tiempo, las enredaderas y la vegetación variada colonizarán los muros y la estructura, transformando el patio en un invernadero vivo, un pequeño oasis verde en medio de la ciudad.
El mobiliario del estudio ha sido diseñado a medida, combinando la calidez de la madera con la precisión del acero.

Destaca una estantería modular que se convierte en lámpara, integrando iluminación y almacenaje en un solo gesto constructivo.


Cada pieza responde a una lógica funcional y artesanal, coherente con la escala doméstica del espacio y la filosofía del despacho.
La instalación eléctrica vista, resuelta con tubería de acero galvanizado y pulsadores de palanca manuales.
Elementos que refuerzan el carácter técnico y honesto del espacio, donde cada elemento constructivo se muestra sin artificios.

La carpintería metálica se ha ejecutado con precisión milimétrica, adaptada a las proporciones del lugar y al lenguaje del proyecto.

Su acabado en color verde mate aporta equilibrio y serenidad, suavizando la materialidad industrial y humanizando el conjunto.
Fabricada con perfilería convencional de acero, incorpora cerramientos de vidrio continuo, lo que permite una visión transparente e infinita a lo largo del estudio: desde la calle hasta la sala de reuniones, el espacio se percibe como un único volumen abierto, luminoso y permeable.

En la zona de baños, el proyecto apuesta por la nobleza de los materiales vistos: ladrillo gero, mortero de cal y rasilla catalana, aplicados con una lectura contemporánea que mantiene la sinceridad material y constructiva del conjunto.


El proyecto combina respeto por la preexistencia y lenguaje contemporáneo, empleando materiales compatibles con la construcción original y coherentes con la escala doméstica del barrio. La madera aporta calidez; el acero, precisión y ligereza; y los pavimentos continuos de mortero autonivelante confieren unidad y sobriedad al conjunto.

La abundante iluminación natural, la ventilación cruzada y la honestidad material generan un ambiente sereno, pensado tanto para el trabajo concentrado como para el intercambio de ideas. Más allá de un espacio profesional, el nuevo estudio funciona como un laboratorio de proyectos y lugar de encuentro, donde la práctica arquitectónica se funde con la vida cotidiana y la exploración sensorial.

El resultado es un ejercicio de equilibrio entre memoria y contemporaneidad, que reivindica la belleza de lo esencial y demuestra cómo la arquitectura puede regenerar el patrimonio cotidiano de Barcelona con una mirada respetuosa, sostenible y profundamente humana.







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